sábado, 29 de junio de 2013

Los signos en la clínica

Año 1980. se publica Mil Mesetas. Dos capítulos de Mil Mesetas llaman la atención por diferentes motivos. “Postulados de la Lingüística” hace una reelaboración sobre las “leyes” del lenguaje, produciendo a partir de la inversión de cuatro postulados un “aminoramiento” de la Lingüística, que en términos generales se concibe como la gran teoría estructuralista. Hasta aquí: el inconsciente se produce por el Lenguaje, el sujeto se produce por el Lenguaje, las instituciones surgen a partir del Lenguaje, la sociedad es posible por el Lenguaje, el mundo es Lenguaje. La creación de las categorías de performativo e ilocutorio hacían posible gran parte de esta obra. En esta meseta, la relación se invierte, el Lenguaje (causa) pasa a ser lenguaje (efecto); no trasmisor de realidad, sino productor de coordenadas; no un universal innato que se actualiza en el habla, sino agenciamientos colectivos de enunciación; lejos de ser un sistema homogéneo, se presenta como una confluencia concreta heterogénea; ya no analizable científicamente como una lengua mayor, ya que deviene lengua menor: pragmática. El lenguaje es pragmática, o sea dislocamiento, o sea Devenir. Este capítulo es un quiebre en la forma de entender los sistemas comunicativos lingüísticos (si podemos seguir llamándolos así), un quiebre de un cristal que siempre fue fluido, aunque persistía en la lucha por solidificarse.
Meseta siguiente: “Sobre algunos regímenes de signos”. Era necesario llegar al lenguaje como pragmática para desbordarlo. Al fin y al cabo, para que sirve delimitar si no es para desbordar. Las semióticas no son solamente lingüísticas, ni únicamente significantes. El mundo está lleno de signos y no todos ellos se significan o se interpretan. Es más, la mayoría de las veces se vivencian pasionalmente, automáticamente o maquínicamente. Y se mueven, cambian, se transforman, se crean y se destruyen. Deleuze y Guattari nos proponen una analítica (Foucault gustaba de llamar analítica a los conceptos minoritarios) de las semióticas, en un ciclo rizomático y que denominan ciclo del esquizoanálisis.
El esquizoanálisis es todo un tema en el campo de la psicología. Tiene un sistema teórico propio, un lenguaje propio, sus metodología y procedimientos. Y quizá, en gran parte, esto se deba al Antiedipo, donde el esquizoanálisis se presenta como una alternativa de análisis diferente al psicoanalismo. En Mil Mesetas, este concepto se amplía, y deja de ser específicamente psicológico, abarcando, sin embargo, aquella producción antiedipiana. Y a la vez, paradojalmente o consecuentemente, se torna un minoritario, aún en la extensión de palabras dirigidas directamente al concepto. Ahora se nos presenta una propuesta para la vida, una propuesta que busca trascender las partes extensas, para llegar a los grados de intensidad; en otras palabras, una propuesta para salir del primer género del conocimiento. Propone un conocer diferente, un conocer de las transformaciones, de las producciones, de las máquinas abstractas y de los agenciamientos.
Año 1981. Deleuze realiza un curso sobre Spinoza. Spinoza crea una ontología, una ontología donde el estado de Naturaleza es un mundo de signos. De signos imperativos, indicativos e interpretativos. El mundo de los signos es un mundo necesariamente equívoco, es el mundo del primer género del conocimiento. La propuesta de Spinoza, o de Deleuze, es salir del mundo de los signos. ¿Hacia dónde? Hacia la univocidad. ¿Está hablando de un lenguaje homogéneo? No está hablando de un lenguaje. Está hablando de un cuarto tipo de signos que permiten la salida del mundo de los signos. Y este cuarto tipo de signo es el afecto. El afecto es el pasaje entre afecciones, o sea la variación de potencia, los grados de intensidad de potencia; en otras palabras, el dislocamiento, la duración... finalmente el Devenir. Y el devenir es unívoco. Es el Todo abierto que no hace más que cambiar.
Años 1982 y 1983. Deleuze continúa con sus cursos en la Universidad de Vincennes. Esta vez es el turno de Bergson, las imágenes y el cine. Más tarde, en 1985, publicará dos libros que serán el resultado de esta incursión de la filosofía en el cine. Deleuze produce a partir de los dos primeros capítulos de “Materia y Memoria” y una infinidad de películas, una clasificación primaria de las imágenes-movimiento y de las imágenes-tiempo. Y tomando la creación de signos de Pierce, amplia esta clasificación, en dimensiones insospechadas hasta para el mismo Deleuze. Los conceptos semióticos de primeridad, segundidad y terceridad; junto a la producción bergsoniana de imágenes, nominadas por deleuze como imágenes-percepción, imágenes-afección, imágenes-acción, imágenes-recuerdo, etc.; sumando a esto dimensiones aportadas por Deleuze en el transcurso de su investigación; logran una taxinomia que posiblemente se acerque bastante a la intención inicial de hacer una “clasificación de todos los signos del mundo”.
Después de realizado este recorrido, podemos preguntarnos, ¿de qué nos puede servir todo esto? Deleuze trabajó en construir este mundo de signos durante más de cinco años. Es tiempo suficiente para prestarle algo de atención. Pero esto no basta, no basta más que para echarle un vistazo... ¿qué otras cosas suceden que sentimos que hay algo ahí con lo que conectamos? Hay una propuesta en este recorrido. Deleuze dice que tal vez no sirva para nada, pero que a él lo hace muy feliz. Pero nosotros conectamos, y nos hace también muy felices. ¿Con qué conectamos? ¿Con el opsigno, con el cualisigno, con el synsigno? Si así fuera, la conexión sería una ilusión, sería una inadecuación, un permanecer sobre las partes que hacen a los cuerpos, pues al fin y al cabo el cualisigno, es una actualización de algo, de un grado de intensidad; se presenta como signo de cualidad, pero en definitiva es signo, por lo tanto actualización, por lo tanto no nos permite salir del primer género del conocimiento. ¿Y no fue Deleuze quién lo propuso? Pero el movimiento en Deleuze no fue el signo, sino su producción inmanente; fue el conocimiento inmanente que le permitió actualizar una esencia. Volverlo eterno, Deleuze estaba experimentando su eternidad. ¿Nos seguimos preguntando para qué nos sirve todo esto? Capaz que la pregunta es: ¿qué hace la psicología? Y para respondernos tendríamos que ir allí donde la psicología hace y vivir este mundo de signos y experimentar el afecto, el devenir; ir al mundo de signos para experimentar su salida, y quizás solo en ese momento sabremos qué hace allí la psicología. O quizás intentemos respondernos desde ahora, y digamos, la psicología hace clínica... ¿Y qué es clínica sino el dislocamiento, el devenir minoritario (un devenir siempre es minoritario) de los átomos de Lucrecio? ¿Y qué son los átomos de Lucrecio? El umbral a partir del cual ya nada es pensable. El mínimo sensible. Y este mínimo sensible es pensable, es el pensamiento en su mínima expresión. Y cuando hablamos de mínima expresión no hablamos de mínimo de pensamiento, sino mínima expresión del pensamiento que no sobrecodifica los cuerpos, sino que surge a partir del encuentro de estos. Y surge no como un saber de los cuerpos, sino como un conocimiento de los grados de intensidad de esos cuerpos simples, mínimos sensibles, los átomos en clinamen. Los átomos no pueden ser otra cosa que clinamen. Y siempre el tema es el mismo, estar a la altura del clinamen, o del acontecimiento, que siempre son aunque casi nunca nos enteremos. Deleuze no enseña signos, no enseña métodos, no enseña caminos... Deleuze baila y al bailar crea mundos. Y contagia, dan ganas, de bailar, de crear mundos, nuestros propios mundos, nuestros propios signos, allí donde las cosas suceden.

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