sábado, 29 de junio de 2013

Lo intolerable

A raíz de un artículo de Foucault (Yo capto lo intolerable) que trabajamos la semana pasada en una clase de Pedro Paulo, surgió la pregunta sobre qué es para nosotros intolerable en nuestra pesquisa. Fue una especie de tarea para pensar en la semana. La verdad que yo la había olvidado y la respuesta fue un montón de pensamientos que se me vinieron a la cabeza en ese momento.
A partir del encuentro de esta mañana se me ocurrió desarrollar un poco más mi respuesta por este medio. Porque creo que de alguna forma vuelve a tocar algunos puntos que se me están haciendo necesarios pensar.

La idea es desarrollar un poco que es lo que se podría considerar intolerable.
En primer lugar entonces… ¿Qué es lo intolerable? Para Foucault en el año 1971, comenzando su trabajo sobre las prisiones, lo intolerable es “apresar un individuo porque tiene una cuestión con la justicia”. Sin embargo, para el mismo Foucault, “el frio del invierno es relativamente soportable”. A partir de esta respuesta yo me puse a pensar qué se estaba definiendo como intolerable. Meter preso a un tipo es bastante tolerable y hasta deseable por muchos. Y el frío del invierno es físicamente intolerable para muchos también. ¿Cómo construimos entonces esa linea de tolerabilidad?
Se me viene a la cabeza Bergson. Voy a resumir. ¿Qué diferenciaría una percepción de una afección? Una percepción es la interacción entre imágenes a distancia (para simplificar un poco pensemos en “cosas”, la imágen es la “cosa”. Teniendo en cuenta que simplifico). Hay imágenes especializadas en percibir (por ejemplo el ojo, las fosas nasales, etc), cuanto más se especializan a más distancia se puede producir la percepción. No pensemos en distancias solo espaciales, sino el grado de diferenciación posible entre mi cuerpo y lo percibido. El grado de independencia del objeto de mi mismo. Así el tacto especializado puede poner una gran distancia entre mi cuerpo y el objeto definiendo exactamente la constitución de ese objeto. No solo no es algo mio sino que sé claramente lo que es. Cuanto menor la distancia, cuanto menos especializado el “órgano perceptivo” a ese estímulo, más dificil diferenciarlo de mi. En esta manera de entender la percepción, ella es siempre algo tolerable. ¿Por qué? Porque estoy preparado para ella. La estoy esperando. Si percibo es porque espero algo eso. ¿Y si no lo espero? Ahí está el tema. Cuando una imágen, “órgano perceptivo”, se especializa en determinadas imágenes, entonces se inmoviliza ante otros estímulos. En otras palabras, lo esperado se refleja en un espejo que lo espera. Pero lo no esperado atraviesa el espejo (cual microondas), y pega directamente en ese “centro de indeterminación” que somos los seres vivientes. Eso es una afección. Entonces, podríamos decir que una afección es una imágen que entra en contacto con otra imágen a distancia nula. Perdemos la capacidad de decir qué es eso porque se confunde con nosotros. La afección, según Bergson, la sentimos de adentro hacia afuera, porque penetró el escudo perceptivo y nos pegó ahi donde más duele (un centro indeterminado). En cambio la percepción es de afuera hacia adentro, cuánto mejor percibimos, más afuera está eso que percibimos.
Así es que se me ocurre que podemos definir lo intolerable en cierto momento, como eso que nos estremece sin saber bien qué es ni de donde viene, porque sentimos que viene de adentro, y sin embargo no podemos distinguir claramente qué lo produce. Desde ese punto en adelante, el cuerpo (distintas imágenes), comienzan a trabajar para construir esa percepción, para que deje de ser afección. A veces lo logra y a veces no. Dependiendo de cómo construya el problema. Y ahí entraríamos en otra parte de las tesis de Bergson. Lo que llamó el “método intuitivo”. Pero no es la idea ir para ahí ahora.
Lo que queda claro, para mí al menos, es que lo intolerable es una afección actuando. Si lo percibo, si puedo reflexionarlo, teorizarlo (tal como hizo Foucault posteriormente a aquella entrevista), posiblemente deje de ser una afección y por lo tanto intolerable. “No tolero la pobreza” es la frase más correcta del mundo, sin embargo de mil formas la toleramos día a día. La percibimos. Tenemos muchas teorías e ideas sobre la pobreza extrema que nos ponen a distancia segura de ella… a menos que un estímulo diferente nos sacuda, nos golpée “en el pecho” (¿será ese el centro?), y nos haga sentir que algo nuevo sucedió allí, que ya no se trata de teorías desde un cubículo de la facultad, ni de caracterizaciones generales acerca de la pobreza. Hay algo allí, en ese encuentro de imágenes, que nuestras teorías se perdieron y nos preguntamos de dónde mierda es que viene eso… ¿Seré yo? ¿será el otro? ¿Será siempre así? Y en el caso más cínico de todos… “esto me comprueba que la pobreza es una mierda, mis teorías son ciertas”, situación en la que rapidamente incluimos el nuevo estímulo en nuestro corpus teórico y volvemos al ruedo, con más percepciones y menos afecciones.

En definitiva, lo intolerable, es aquello que cuando sucede no lo puedo pensar. Pero me fuerza a pensar. Lo intolerable es impensable, pero es de una violencia tal, que yo no tengo otra salida que pensar, y pensar es construir. Construir las imágenes, los estimulos, las relaciones, las articulaciones que produjeron en un primer momento la afección. Y ahí vuelvo a excederme. No quiero ahora hablar de construir problemas, solo de saber que consideraba intolerable…

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